Jóvenes de La Adela son noticia en La Pampa. Como es vivir la adolescencia en un pueblo de 2000 habitantes. Le presentamos parte de la nota. Damaris (13), Carina (14) y Camila (15) que son de La Adela, un pueblo que no llega a los dos mil habitantes, pero que se amplía cuando cruzan el puente que los une con Río Colorado. También ellas notan la gran diferencia entre vivir en poblados donde todos se conocen y en una ciudad más grande.
"En La Adela hay muchos barrios y casas, pero es un lugar chico, no hay lío como en la ciudad; aunque algunas cosas son iguales: siempre hay peleas a la salida del boliche porque muchos se exceden con el alcohol. En eso no hay diferencias", cuenta Carina.
Diversión.
A la hora de buscar cómo pasarla bien entre amigos, el pueblo ofrece pocas opciones a los adolescentes. Pero muchos no necesitan grandes programas para divertirse y, según cuentan, disfrutan de andar solos y tranquilos por las calles del pueblo, donde no hay peligros como en la ciudad.
"En La Adela los fines de semana vamos a la cancha a ver cómo juegan los chicos", dice Camila. "Sí, es una forma de pasarla bien. Yo también voy", agrega Carina.
"A mí me gusta ir a la plaza o al parque a tomar mate con amigos", cuenta Damaris.
"En La Adela tampoco hay boliche, hay que cruzar a Río Colorado para salir", cuenta Carina. "Y también hay que cruzar para comprar ropa, porque en La Adela no hay tiendas. Pero queda cerca, pasás el puente y estás ahí", dice Damaris.
La tecnología.
Aunque hay muchos servicios y comodidades que no tienen en los pueblos, no existen prácticamente diferencias en el acceso a la tecnología. Los celulares invaden las calles de La Adela, y los chicos viven mandando sms o sacándose fotos entre amigos, como en cualquier otro lugar.
También viven prendidos a la computadora, chateando con gente de lugares lejanos, o con el compañero de clase, o buscando por internet algo para la escuela o para jugar.
"Yo me paso todo el día en la compu. Estoy cinco horas o más, chateando o en Fotolog", cuenta Carina.
Damaris en cambio está lejos de la compu. "A mí no me gusta, no me llama la atención. Yo no sé qué le ven a estar todo el día sentados frente a una computadora. A mí me gusta más ir a la plaza a tomar mate, jugar al voley o al hándbol. ¡Es más divertido!", plantea.
Camila también prefiere una charla cara a cara y no por chat, o un momento al aire libre y no frente a una pantalla. Pero es fanática del celular. "Si no lo tenés ¡te morís!", exagera.
Formas de ser.
Aunque las tribus urbanas lleguen hasta los pueblos más chicos, aunque se vistan con ropa de moda o adopten peinados actuales, los adolescentes de pueblo reconocen que sienten grandes diferencias con los chicos de ciudad. "Es muy distinta la forma de ser de los chicos que somos del pueblo. Nos conocemos mucho y, aunque a veces nos peleamos, después andamos juntos. En cambio en la ciudad te peleás y no te ves más".
"El que es de la ciudad se agranda porque vive mejor, en cambio el de pueblo es más tímido", dice Carina. Y Camila agrega: "en la ciudad hablan con otras palabras que a veces ni les entendés. Y te tratan de acuerdo al aspecto físico, la marca de ropa, el corte de pelo. Pero no toda la gente es así, depende de lo sociable que seas".
Viajes cotidianos.
Vivir en pueblos pequeños, obliga a chicos y grandes a buscar en localidades cercanas cosas que no tienen en su lugar natal. Para ir al médico, comprar ropa, salir a la noche o hacer algún trámite muchas veces tienen que viajar algunos kilómetros.
En las calles de su pueblo se sienten tranquilos y seguros, comparten las costumbres de su gente y hablan con sencillez. Pero vivir en esos lugares pequeños no les impide acceder al celular ni a internet, no los priva de viajar a visitar familiares o irse de vacaciones y conocer nuevos horizontes. Y aunque algunos proyectan su futuro en la ciudad, están seguros de que siempre volverán a su pueblo, que es en definitiva, su lugar en el mundo.
Fuente: Diario La Arena
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