Cuando no se sabe o no se quiere leer bien

iglesiaDe la resonancia que se le dio a la declaración de los obispos sobre la violencia en nuestra realidad nacional.

En estos últimos días he podido percibir a través de lo escuchado tanto en radio y televisión como lo leído en los medios escritos el revuelo que causo el mensaje del episcopado “Felices los que trabajan por la paz”. Revuelo que no me asusta y que me parece bueno si es un revuelo donde los que participan del intercambio de percepción sobre el mensaje lo hacen después de una atenta y sincera lectura crítica, pero el caso es que la mayoría de las voces que escuche o palabras que leí me hacen dudar de que aquellos que la emitieron hayan tenido el texto completo en sus manos y se hayan tomado un tiempito, ya que no hace falta mucho son cuatro carillas, para leerlo adecuadamente y opinar.

 Desde el vamos la mayoría de los medios que no comparten la línea política del gobierno como aquellos que si y algunos funcionarios gubernamentales como dirigentes de la oposición han tratado de presentar el mensaje de los obispos en una sola dirección,  una neta confrontación con el gobierno nacional. Algo totalmente erróneo ya que en el segundo renglón del mensaje dice a quien está destinado “nos dirigimos a todos los miembros de la Iglesia y a los  hombres y mujeres de buena voluntad”, por lo tanto pretender decir que está dirigido al gobierno ya es una desviación del destinatario, lo cual cambia la clave de lectura en su aspecto más básico, no es para mí, es para otros y por lo tanto no me hago cargo, ni quiero asumir lo que del texto me corresponde. Además, en el texto aparecen en otras oportunidades  quienes son  los receptores del mensaje, aunque implícitamente,  “pero no nos ayuda culpar a los demás. Para lograr una sociedad en paz cada uno está llamado a sanar sus propias violencias” y “Todos estamos involucrados en primera persona”, es decir nadie puede decir a mí no me toca.

 Tanto las voces oficialistas, como opositoras e independientes si es que las hay, han puesto el acento en la inseguridad, si la hay o no, basándose solo en unas líneas de uno de los párrafos donde se dice que los hechos de delictivos han aumentado en cantidad y agresividad, haciendo de este modo un reduccionismo preocupante; ya sea por incapacidad de lectura crítica, por ideología, por interés espurio o para sacar ventaja política. De este modo se tergiversa el contenido y se falta a la verdad lo que ya es violencia y lleva a la conclusión por parte de la gente de a pie que hay dos actores, uno que denuncia y ataca y el otro que se siente denunciado y se defiende por el tema de la inseguridad.

Sin embargo el texto es mucho más amplio y más rico, ya que enumera varias situaciones de violencia las cuales no todas son delictivas. Todo delito es violencia, pero no toda violencia es delito. Se enumeran la violencia delictiva, las situaciones de exclusión social, la corrupción pública y privada, la crisis familiar y escolar, la lentitud de la justicia, la desvalorización de las normas legales desde la constitución a las más simple regla de convivencia, la justicia por mano propia (linchamiento), el responsabilizar y estigmatizar a los pobres por la violencia, la ostentación de riquezas de algunos, los medios de comunicación que han aumentado los espacios para las noticias violentas, pero que no siempre informan con objetividad y preservando la privacidad de las víctimas o victimarios y varias más.

 Por último la inmensa mayoría de los que hablaron sobre el mensaje episcopal; políticos, sindicalistas, dirigentes sociales, periodistas, columnistas ya sean oficialistas u opositores; miembros del gobierno nacional e incluso algunos miembros de la Iglesia no fueron capaces de reconocer algo de la parte que le corresponde.

 Si leemos el mensaje entero todos podemos encontrar algo que nos toca como persona y como comunidad y de ese modo hacernos cargo de nuestra parte y poder ir cambiando nuestras palabras, gestos y acciones violentas por otras que ayuden a construir una cultura de la paz. Cada momento es una buena oportunidad para comenzar, pero porque no aprovechar el revuelo causado por la declaración y poner manos a la obra.  A la palabras de Jesús en el Sermón de la montaña “Felices los que trabajan por la paz” yo agregaría la de San Pablo en su carta a los efesios para tener un sustento seguro para construir la paz que es don y tarea “Porque Cristo es nuestra paz, el que de dos pueblos hizo uno, derribando con su cuerpo el muro divisorio, la hostilidad…”

Fabián Mondini, Sacerdote de La Adela, especial para inforiocolorado.

 

 

 

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